Inconciencia, Malacrianza

¿Disciplina o violencia?

¿Cuántas veces no hemos escuchado el típico “a ese niño lo que le hace falta es una buena nalgada”? Las generaciones anteriores están convencidas de que la educación va íntimamente ligada con la violencia física, muy seguramente, porque sus padres así los ‘educaron’ también.

Pero han salido públicamente muchos estudios y psicólogos a desmentir este hecho, pues, en realidad, podría causar lo contrario en las infancias a las que se les está ‘llamando la atención’. Ojo, no estamos en contra de un regaño a tiempo, estamos en contra de esos golpes que se acostumbran a tomar como medida para disciplinar a los hijos. 

También existe la violencia psicológica que se basa en el uso agresiones verbales, amenazas, intimidación, denigración, ridiculización, culpa, humillación o manipulación para poder controlar a las niñas y niños. 

La exposición a ambos tipos de violencia puede desencadenar problemas a largo plazo en el desarrollo fisiológico del cerebro para repercutir finalmente en el crecimiento cognitivo, físico, social y emocional del infante.

Además, exponerlos constantemente a la violencia durante la infancia aumenta la probabilidad de que desarrollen comportamientos criminales en la vida adulta. Asimismo, los niños que crecen recibiendo este tipo de tratos también reportan una menor autoestima, peores resultados académicos, más hostilidad y agresividad, más dependencia y mayor probabilidad de usar drogas durante la adolescencia y vida adulta.

En México, 6 de cada 10 niñas, niños o adolescentes de entre 1 a 14 años, informó haber recibido algún tipo de maltrato en su hogar. No obstante, aunque es común, suena contradictorio pensar que tus padres o tu familia, espacios o ambientes donde supuestamente debieras sentirte seguro, generen lo contrario, como resentimiento o miedo. Recibir una agresión por parte de una de las figuras cercanas que tiene un niño puede resultar en que el infante replique esta conducta en la escuela o, el extremo contrario, se acostumbre a recibir agresiones por ajenos a sus núcleos, de manera que el uso de violencia como disciplina solamente alimenta el ciclo de violencias.

A esto hay que añadirle el gran factor de que en México la salud mental no es muy tratada y es aún muy estigmatizada. Además, el apoyo del gobierno a los temas de salud mental es muy poco, por lo que el panorama para los niños que crecen recibiendo este tipo de tratos no es nada alentador. 

Usar la violencia física y verbal para ‘educar’ a las infancias es una práctica muy arraigada en todo el mundo, pero ahora que conoces cómo puede afectar en el crecimiento de tus hijos (o futuros hijos) podrás pensarlo dos veces antes de usar la clásica nalgada o cinturonazo para corregirlo.

 

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