Las redes sociales han ayudado a que personas de todo el mundo puedan estar en contacto, compartiendo información. Como todo, al inicio sólo traían cosas buenas, pero con el paso del tiempo se convirtieron en el espacio ideal para los ataques.

El anonimato es una de las principales características de las redes sociales. Poder decir cualquier cosa sin temor a las represalias no es sólo liberador, también da pie a la violencia. Si escribes algo en contra de una persona, ¿quién va a detenerte? Puedes hacerlo sin revelar tu identidad.
Como sucede en el mundo real, las mujeres y los adolescentes son los más vulnerables en las redes sociales y el internet en general. Las opiniones de ambos grupos siempre son subestimadas, como si su género, edad y condición social fuera un impedimento para emitir su opinión.
Los ataques directos no son el único problema. En la mayoría de los casos dan pie al acoso, hostigamiento e incluso discriminación.

Por supuesto, las consecuencias de estos actos no se quedan sólo en las redes sociales, las cuales afectan la salud mental y emocional de los usuarios. Al hacer uso de estos nuevos medios de comunicación, cualquiera se expone a la humillación pública, no sólo en su localidad, sino prácticamente en todo el mundo.
¿Cuántas veces no hemos visto un meme o chiste sobre una persona de otro país que se volvió viral?
Prevenir la violencia y discriminación es un trabajo más que complicado, pero lo que sí se puede hacer es concientizar sobre las consecuencias de nuestras acciones y palabras. Nuestra responsabilidad en las redes no se limita a lo que publicamos, sino también al contenido que le damos difusión o simplemente ignoramos aunque es ofensivo para un grupo vulnerable.
El internet puede ser una gran herramienta, siempre y cuando tengamos cuidado al utilizarlo.