Lady Rata se volvió conocida en todo México por las razones incorrectas. Gracias a un video viral la mujer fue exhibida robando dinero a un pequeño en una frutería de Apatzingán, Michoacán. Dicho acto le ganó el sobrenombre y las críticas en redes sociales no se hicieron esperar.
Como si eso no fuera suficiente, días después la mujer volvió a acudir al mercado, pero esta vez para reclamar al dueño del local por haber difundido el vídeo del robo.

Este definitivamente no es un caso aislado. La deshonestidad es un mal que aqueja a los mexicanos, pues frecuentemente salen a la luz vídeos o audios de personas que ocupan puestos de autoridad cometiendo algún fraude o extorsión. Como es de esperarse, el público en general expresa su sentir respecto a estas situaciones.
Sin embargo, la deshonestidad no es exclusiva de la clase política, muchos lo negarán, pero el ser deshonesto está bien arraigado en nuestra sociedad. ¿Cuántos no han mentido para zafarse de un problema? Esas pequeñas mentiras que parecen inofensivas se convierten en costumbre, dando paso a la corrupción.

Lo más preocupante es que la sociedad misma no lo ve así. Corrupción y deshonestidad son términos asociados a la política y el poder, pero ¿cuántos no han intentado dar mordida para evitar una multa? Ni hablar de los estudiantes que hacen trampa en los exámenes o simplemente ofrecen dinero a los profesores a cambio de una buena calificación.
¿Alguna vez viste que alguien tiró un billete y en lugar de regresarlo hasta lo pisaste para quedártelo? Entonces lamento decirte que también eres parte del problema.
Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que se aplauden la deshonestidad y el abuso por encima de la educación y valores. Lady Rata no es un caso aislado, este tipo de comportamiento se replica en México, la única diferencia es que el vídeo salió a la luz.
La próxima vez que quieras hacer algo indebido pregúntate a ti mismo: ¿quiero convertirme también en Lord o Lady Rata?
Fuentes:
https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/jacques-rogozinski/deshonestidad-mexicana