Es un hecho que la crianza cambia dependiendo la generación en turno, antes se contaba con una crianza donde se utilizaba la “mano dura”, un pensamiento que buscaba el fortalecimiento físico y emocional desde temprana edad.
Ahora hay una nueva generación de padres que se alza, la pregunta entonces es ¿cuál es la actual forma de crianza que está tomando fuerza?

La misión de los padres es proteger a los hijos y ayudarles a que crezcan como personas, sin embargo, recientemente esa protección se ha confundido con una “hiperprotección”. A los padres se les está haciendo creer que los niños no deben pasar por ningún tipo de malestar, no tienen que sufrir una contradicción ni pasar por algún tipo de frustración,
Para ser buenos padres, ellos deben actuar como una especie de guardaespaldas, el hijo entonces se convierte en un ser intocable, es decir, niños que al caerse no se levantan, esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos.
Los padres son los principales responsables del destino de ese pequeño, lo que nuevamente producirá mucha angustia por su futuro.
Los niños entonces desarrollan un nivel de ansiedad terrible, se les quita la capacidad de autonomía, de poder tomar decisiones sin consultar a los padres y siempre culpar a otros de sus fracasos, por lo cual la irresponsabilidad se vuelve también un eje fundamental en el desarrollo de estos niños.
¿Cuáles podrían ser algunas de las consecuencias de este tipo de crianza?
Según la autora Eva Millet, autora de “Hiperniños ¿Hijos perfectos o hipohijos?”, las principales consecuencias de esta crianza son:
“El estrés brutal al que estamos exponiendo a estos pequeños, les estamos exigiendo muchísimo, quitándoles tiempo para jugar. Además, hay que sumarle la ansiedad de los padres en torno a hacer mal las cosas, a no estar satisfechos. Todo esto impide que el niño averigüe lo que quiere saber, impidiendo que tenga armas que le permitan decidir y ser autónomo.”
Entonces algunas recomendaciones que se brindan para evitar esta malacrianza son la paciencia, la observación más que la intervención y al auto-control por parte de los padres. Los niños deben entender que las emociones no siempre son buenas o felices, la ira, la tristeza el temor son emociones que deben aprender a gestionarse, un niño que no cuenta con estas características puede crecer sin autoestima e inclusive las reemplazaría con el narcisismo.

Enseñar entonces a los niños que se puede perder, se puede equivocar, aprender a tolerar la frustración, el trabajar en equipo, son ejes fundamentales para poder lograr un crecimiento sano.
Fuentes:
https://elpais.com/elpais/2018/04/09/mamas_papas/1523271153_452934.html
https://www.elmundo.es/papel/todologia/2017/01/11/5874d407268e3e6f3a8b45bc.html
https://www.youtube.com/watch?v=QPJhshwV56k